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sábado, 2 de abril de 2011

A nuestra “no participación” le sale contraloría social (III)

La contraloría social es un espacio de participación ciudadana individual y colectiva que permite el ejercicio de control y vigilancia sobre la gestión del poder público y de las instancias del poder popular, así como de las actividades privadas que afecten el bienestar común. (Proyecto de Ley Orgánica de Contraloría Social 2010). Sin la participación protagónica, corresponsable y revolucionaria es imposible la contraloría social.

Para que el Estado/Gobierno que queremos y necesitamos los venezolanos y venezolanas se construya coherentemente y responda a los retos y desafíos del País en el contexto histórico que vivimos, obliga a la ciudadanía a una actuación clara, sistemática y organizada que permita contrarrestar una cultura política perversa de ineficacia, ineficiencia, corrupción e impunidad en el uso de los recursos públicos, así como una mentalidad alienante y burguesa que se apropia del bien común para sus intereses y ambiciones individuales o de grupos.

La participación ciudadana tal cual está concebida en nuestra Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela (1999) es asumida como principio de acción, como derecho y deber, como espacio o instancia de participación y como proceso sociopolítico, impulsando así la democracia participativa para superar la democracia representativa presente en el período de la Cuarta Republica.

Lograr esta participación individual y colectiva conlleva a un proceso de enseñanza-aprendizaje. La participación no es un acto espontaneo, es una acción producida por la reflexión y la acción política del ciudadano en un ámbito especifico (salud, seguridad, educación, leyes, deporte, economía, trabajo, cultura, tecnología, justicia, etc.) ya sea por necesidad, por interés o por expectativas.

Es innegable que el proceso bolivariano ha sido una tierra fértil en el fenómeno participativo donde todos los sectores de la vida nacional se han hecho presentes, afectos o no al proceso revolucionario. Basta recordar los círculos bolivarianos, los comités de tierras urbana, las mesas técnicas del agua, las cooperativas de producción, distribución y servicios, las radios comunitarias, los consejos comunales, los batallones socialistas, las empresas de producción social, los comité de usuarios y usuarias de los medios de comunicación, las unidades de producción social, las misiones educativas, culturales, de salud, de alimentación, de viviendas, de trabajo, el PSUV, entre otros, producidas desde la misma dialéctica histórica. En cada una de estas expresiones está un pueblo que se moviliza y se organiza a partir de sus necesidades, consagradas como derechos en la carta magna, lo que nos permite aprendizajes significativos ya sea individuales, grupales y colectivos.

A estas alturas del partido, cuando esperamos la aprobación de la Ley de Contraloría Social, (actualmente está aprobado el Proyecto) urge hacer un inventario del haber y el tener en materia de participación ciudadana. Si nosotros como ciudadanos y ciudadanas vamos a ejercer la contraloría social, debe comenzar a evaluarnos sobre nuestro modo de participar.

Sabemos que si hacemos un estudio de las fortalezas y las debilidades de nuestra participación vamos a encontrar aciertos y desaciertos, avances y frenazos, haciéndose evidente los antagonismos y contradicciones existentes, que es importante superar en el tiempo. Pues ante la Ley da por explicito que la participación es protagónica, corresponsable y revolucionaria.

Con toda la riqueza que la participación nos ha permitido acumular en los espacios sociales, políticos, económicos y culturales no podemos negar que falta mucho por hacer. Tenemos que problematizar nuestra manera de participar, generalmente inmediatista, “para ya”, para que el otro corra y lo haga”. Como decía el Maestro Freire: tenemos que cuestionar la realidad y dentro de ella, nosotros mismos y haciendo esto producimos conciencia crítica y concienciación en términos colectivos.

Es necesario “generar situaciones en las cuales las personas se ven forzadas a revisar acciones u opiniones acerca de hechos de su vida diaria vistos como normales, convertidos por tal razón en habituales, o percibidos como inevitables al considerarlos naturales”. Es una estrategia para desarrollar la conciencia crítica que, a la vez que se desarrolla en la reflexión acción. La problematización inicia la generación de una posición política entendida en el sentido amplio del término, porque impulsa construir y reconstruir una conciencia integral, no fraccionada, que produce una comprensión global de la sociedad en que se vive. (Freire, 1970)

La problematización es un proceso total; no se puede problematizar a medias, o de vez en cuando, respecto de una situación determinada. Y en el caso que nos ocupa la participación ciudadana de estos últimos 10 años debe ser motivo de estudio de nuestras universidades y por parte del Estado pero más aún por todos los venezolanos. Pues ninguno debemos aislarnos, marginarnos o excluirnos de la tarea contralora, desde el niño o la niña en la escuela o en el parque de diversiones, el o la joven en el liceo o en el centro comercial, los adultos en su trabajo o en el mercado, los consejos comunales con los entes estadales o gubernamentales, es decir nuestra vinculación con el mundo institucional público y privado. Este momento histórico necesita ser sometido a una reflexión crítica en la cual se active procesos cognoscitivos creadores, liberadores y transformadores para una participación de alto nivel.

Por eso la siguiente pregunta problematizadora: ¿Cómo podemos ser eficaces y eficientes en nuestra tarea de contraloría social si como ciudadano aun revelamos una cultura de no participación? Y por “no participación” refiero a la ausencia o defecto de una verdadera participación protagónica, corresponsable y revolucionaria.

El arribismo, la resistencia a la participación y al cambio, el desinterés por el bien común, el desconocimiento de la Constitución y la leyes, la indiferencia ante la cosa pública, la participación solo por razones económicas “si bajan los reales”, el desconocimiento de los planes y programas del Estado y de los gobiernos locales por desinformación o incomunicación, la participación en búsqueda de privilegios, la apatía ante los problemas comunes, el conformismo, el individualismo, la percepción de un Estado banco o abasto, la falta de métodos que permita desarrollar la sinergia y acción colectiva, la ausencia del sentido común, la disociación mediática, el débil sentido de identidad y pertenencia para el compromiso, la cultura del antidiálogo y del miedo. Todos y cada uno de estos elementos, y otros que es imposible en este artículo registrar, debemos superarlos pero para ello debemos problematizar en colectivo para una verdadera concienciación que permita una acción liberadora y transformadora de esta cultura de la “no participación”.

Profesora de la UBV

http://www.aporrea.org/actualidad/a113715.html

A nuestra mentalidad despilfarradora le sale contraloría social (II)


En el proyecto de Ley Orgánica de Contraloría Social (Julio 2010) en la exposición de motivos expresa que: “el uso ineficiente, el despilfarro y la corrupción en el uso de los recursos públicos, son males que debilitan fundamentalmente a la revolución y tienen como aliados al burocratismo, el lujo, la mentira y a la injusticia, por eso hay que crear mecanismos poderosos para extirpar estos males, es un problema de cultura política, de mentalidades y de falta de participación ciudadana”

En el artículo anterior hice énfasis en la cultura política burocrática y en este me centraré en los imaginarios y las representaciones sociales que hay detrás de la mentalidad despilfarradora que tenemos los venezolanos y venezolanas respecto a los recursos propios y ajenos, las cuales tratándoles como riqueza de otros, no nos duele acabar con estos, cuanto antes, sin importarnos después si le puede hacer falta a otros o si habrá para mañana.

Los imaginarios y las representaciones sociales poseen una dimensión individual y son visibilizados en forma sensible, en un ícono, emblema o símbolo, o en relatos y discursos cotidianos que da unidad y fuerza de cohesión grupal o de organización social en la medida en que dicha representación sea trascendida como sentido. Pero aún así está sometido, por su naturaleza subjetiva o ligada a los sujetos, a la diversidad propia de la experiencia. O sea que el imaginario existe fraccionado en las versiones de las perspectivas y las historias individuales, como soporte de identidad y diferencia. (Rincón, 2006). Las representaciones sociales se encuentran en el conjunto de las condiciones y factores sociales, económicos, políticos y culturales que caracterizan nuestra propia sociedad y en el sistema de creencias y de los valores que circulan en su seno. (Ibañez, 1986)

En el caso que nos ocupa la mentalidad despilfarradora viene dada por representaciones sociales y colectivas generadas en diversos momentos históricos y que se acumulan para producir lo que tenemos hoy. Donde lo real y lo imaginario conviven, a través de significaciones y prácticas cotidianas, y se hacen perceptibles en las conductas, en los comportamientos, en los relatos y en los discursos cotidianos.

Afirma Ezequiel Ander-Egg (1998) que en el mundo de hoy, vivimos una sociedad alienada y sus instituciones y sus individuos estamos alienados. Esta alienación actúa como condicionante de nuestra manera de pensar, sentir, actuar y hablar. Donde a veces es difícil diferenciar de lo que somos como pueblo con una identidad propia a lo que la realidad histórica nos ha impuesto a través del colonialismo español y norteamericano.

Sin negar los condicionantes culturales que dejo el colonialismo español, subyacentes aún en nuestra vida republicana, prefiero fijar la mirada en el neoliberalismo mundial, refrendado por el Consenso de Washington en el marco del proceso de la globalización del mercado, cuyos actores fueron las corporaciones trasnacionales y el congreso norteamericano para impactar sobre nuestras economías latinoamericanas y del resto del mundo para así arrebatarles y expropiarles sus riquezas bajo la anuencia de las elites políticos y económicas nacionales.

Mirar en retrospectiva este hecho nos hace evidenciar un fenómeno de transculturización que se impuso sobre nuestra sociedad mediante la manipulación informativa-comunicacional, los cambios de currículos en la práctica educativa universitaria y la invasión publicitaria y tecnológica que produjo en nosotros nuevas creencias y estilos de vida, basados en el interés del dinero, el consumismo y la depredación del ambiente.

El paso del neoliberalismo no hizo más que deshumanizarnos, e impulsar estructuras económicas, mediáticas, políticas y educativas más deshumanizantes. Hasta las relaciones humanas se convirtieron en una transacción donde debía rendir ganancia. No es extraño que el cuerpo humano femenino y masculino paso a ser un producto de venta, donde estaba al capricho de la oferta y la demanda

Para los que estamos involucrados en un proceso de cambio del ser humano y de transformación de las macro y micros estructuras, observamos la necesidad de una actitud y acción crítica y propositiva de los mapas culturales e ideológicos si queremos superar los cuadros de deshumanización. La construcción de un nuevo Estado/Gobierno que apueste por el bien común y el interés colectivo a partir de la Contraloría Social pasa por un proceso de concienciación de lo que somos como resultado de una construcción histórica que nos ha hecho pensar, sentir y actuar alienada y enajenadamente.

Por concienciación se comprende el proceso donde los hombres y las mujeres en un dialogo permanente se encuentran para superar a través de la reflexión-acción la situación alienante y deshumanizadora, para luchar por la liberación de los condicionamientos históricos, y los factores que impiden el desarrollo integral ya sea como individuos o colectivos. ¿No es acaso la víctima de los procesos colonizadores o alienantes el más preparado para entender el significado de una sociedad consumista, y depredadora y la necesidad de liberación? Este despertar de la conciencia implica comprender realista y correctamente la ubicación del ser humano en la naturaleza y en la sociedad. Al alcanzar este conocimiento de la realidad, a través de la acción y reflexión en común, se revelan siendo sus verdaderos creadores y recreadores. De este modo, la presencia de los alienados en la búsqueda de su liberación, más que participación se transforma en compromiso (Freire, 2000).

Imagínense lo importante de este proceso de concienciación para debatir cada una de las palabras que pronunciamos, las actitudes y comportamientos que ejecutamos a diario, nuestras creencias y valores que expresamos sin ser tan conscientes de ello: desde aquel ta´barato dame dos de la mentalidad mayamera, el póngame donde haiga, la percepción social que todo se arregla con dinero y con cosas, la instauración de la cultura VIP donde la búsqueda constante es el privilegio, la cultura del shopping, el consumismo como concepto de felicidad promovido por la publicidad, la ausencia de una cultura del mantenimiento y cuidado de las cosas, el facilismo y el inmediatismo, la ausencia de sentido de la vida y del otro, el deterioro del sentido de pertenencia y valoración de lo nuestro, todo esto y otras más, se contraponen a una cultura contralora.

Contralora del uso adecuado y racional de los recursos que tenemos, y que debemos administrar debidamente no sólo para nosotros sino para las generaciones venideras. Ser indolentes ante el despilfarro es no comprender la responsabilidad histórica que tenemos para hacer inversiones productivas a corto, mediano y largo plazo. Desde el mismo hogar, los consejos comunales, la escuela, los medios de comunicación son espacios para profundizar nuestra mentalidad y superarla, pues de lo contrario, será cuesta arriba proteger el bien común de los venezolanos: el petróleo.

(*) Profesora de la UBV

http://www.aporrea.org/actualidad/a113589.html


A nuestra cultura política burocrática le sale contraloría social (I)



La contraloría social es un espacio de participación ciudadana individual y colectiva que permite el ejercicio de control y vigilancia sobre la gestión del poder público y de las instancias del poder popular, así como de las actividades privadas que afecten el bienestar común. (Proyecto de Ley Orgánica de Contraloría Social 2010). Sin la participación protagónica, corresponsable y revolucionaria es imposible la contraloría social.

Para que el Estado/Gobierno que queremos y necesitamos los venezolanos y venezolanas se construya coherentemente y responda a los retos y desafíos del País en el contexto histórico que vivimos, obliga a la ciudadanía a una actuación clara, sistemática y organizada que permita contrarrestar una cultura política perversa de ineficacia, ineficiencia, corrupción e impunidad en el uso de los recursos públicos, así como una mentalidad alienante y burguesa que se apropia del bien común para sus intereses y ambiciones individuales o de grupos.

La participación ciudadana tal cual está concebida en nuestra Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela (1999) es asumida como principio de acción, como derecho y deber, como espacio o instancia de participación y como proceso sociopolítico, impulsando así la democracia participativa para superar la democracia representativa presente en el período de la Cuarta Republica.

Lograr esta participación individual y colectiva conlleva a un proceso de enseñanza-aprendizaje. La participación no es un acto espontaneo, es una acción producida por la reflexión y la acción política del ciudadano en un ámbito especifico (salud, seguridad, educación, leyes, deporte, economía, trabajo, cultura, tecnología, justicia, etc.) ya sea por necesidad, por interés o por expectativas.

Es innegable que el proceso bolivariano ha sido una tierra fértil en el fenómeno participativo donde todos los sectores de la vida nacional se han hecho presentes, afectos o no al proceso revolucionario. Basta recordar los círculos bolivarianos, los comités de tierras urbana, las mesas técnicas del agua, las cooperativas de producción, distribución y servicios, las radios comunitarias, los consejos comunales, los batallones socialistas, las empresas de producción social, los comité de usuarios y usuarias de los medios de comunicación, las unidades de producción social, las misiones educativas, culturales, de salud, de alimentación, de viviendas, de trabajo, el PSUV, entre otros, producidas desde la misma dialéctica histórica. En cada una de estas expresiones está un pueblo que se moviliza y se organiza a partir de sus necesidades, consagradas como derechos en la carta magna, lo que nos permite aprendizajes significativos ya sea individuales, grupales y colectivos.

A estas alturas del partido, cuando esperamos la aprobación de la Ley de Contraloría Social, (actualmente está aprobado el Proyecto) urge hacer un inventario del haber y el tener en materia de participación ciudadana. Si nosotros como ciudadanos y ciudadanas vamos a ejercer la contraloría social, debe comenzar a evaluarnos sobre nuestro modo de participar.

Sabemos que si hacemos un estudio de las fortalezas y las debilidades de nuestra participación vamos a encontrar aciertos y desaciertos, avances y frenazos, haciéndose evidente los antagonismos y contradicciones existentes, que es importante superar en el tiempo. Pues ante la Ley da por explicito que la participación es protagónica, corresponsable y revolucionaria.

Con toda la riqueza que la participación nos ha permitido acumular en los espacios sociales, políticos, económicos y culturales no podemos negar que falta mucho por hacer. Tenemos que problematizar nuestra manera de participar, generalmente inmediatista, “para ya”, para que el otro corra y lo haga”. Como decía el Maestro Freire: tenemos que cuestionar la realidad y dentro de ella, nosotros mismos y haciendo esto producimos conciencia crítica y concienciación en términos colectivos.

Es necesario “generar situaciones en las cuales las personas se ven forzadas a revisar acciones u opiniones acerca de hechos de su vida diaria vistos como normales, convertidos por tal razón en habituales, o percibidos como inevitables al considerarlos naturales”. Es una estrategia para desarrollar la conciencia crítica que, a la vez que se desarrolla en la reflexión acción. La problematización inicia la generación de una posición política entendida en el sentido amplio del término, porque impulsa construir y reconstruir una conciencia integral, no fraccionada, que produce una comprensión global de la sociedad en que se vive. (Freire, 1970)

La problematización es un proceso total; no se puede problematizar a medias, o de vez en cuando, respecto de una situación determinada. Y en el caso que nos ocupa la participación ciudadana de estos últimos 10 años debe ser motivo de estudio de nuestras universidades y por parte del Estado pero más aún por todos los venezolanos. Pues ninguno debemos aislarnos, marginarnos o excluirnos de la tarea contralora, desde el niño o la niña en la escuela o en el parque de diversiones, el o la joven en el liceo o en el centro comercial, los adultos en su trabajo o en el mercado, los consejos comunales con los entes estadales o gubernamentales, es decir nuestra vinculación con el mundo institucional público y privado. Este momento histórico necesita ser sometido a una reflexión crítica en la cual se active procesos cognoscitivos creadores, liberadores y transformadores para una participación de alto nivel.

Por eso la siguiente pregunta problematizadora: ¿Cómo podemos ser eficaces y eficientes en nuestra tarea de contraloría social si como ciudadano aun revelamos una cultura de no participación? Y por “no participación” refiero a la ausencia o defecto de una verdadera participación protagónica, corresponsable y revolucionaria.

El arribismo, la resistencia a la participación y al cambio, el desinterés por el bien común, el desconocimiento de la Constitución y la leyes, la indiferencia ante la cosa pública, la participación solo por razones económicas “si bajan los reales”, el desconocimiento de los planes y programas del Estado y de los gobiernos locales por desinformación o incomunicación, la participación en búsqueda de privilegios, la apatía ante los problemas comunes, el conformismo, el individualismo, la percepción de un Estado banco o abasto, la falta de métodos que permita desarrollar la sinergia y acción colectiva, la ausencia del sentido común, la disociación mediática, el débil sentido de identidad y pertenencia para el compromiso, la cultura del antidiálogo y del miedo. Todos y cada uno de estos elementos, y otros que es imposible en este artículo registrar, debemos superarlos pero para ello debemos problematizar en colectivo para una verdadera concienciación que permita una acción liberadora y transformadora de esta cultura de la “no participación”.

Profesora de la UBV
http://www.aporrea.org/actualidad/a113536.html

La complejidad de la Contraloría Social desde lo individual


Como ciudadana de la Parroquia de San José del Municipio Bolivariano Libertador del Distrito Federal me siento en estado de vulnerabilidad, es decir, en la discapacidad de hacer frente a un problema que nos afecta a muchos, y las herramientas para su resolución depende del debate crítico y propositivo entre Estado y Comunidad, el cual está ausente. Ni la comunidad se ha organizado ni las Instituciones Públicas y Privadas, así como los funcionarios o ciudadanos allí involucrados directamente, no asumen su rol de ciudadanía de alto nivel decisorio.

Ya comprendo aquella expresión del programa humorístico mexicano “Chapulín Colorado” cuando la gente ante situaciones límites se preguntaba: Y Ahora, ¿quién podrá salvarnos? Será que siempre el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías tiene que salir para recordar a los funcionarios sus responsabilidades? Desde los ministros, los alcaldes, los diputados, los militares, la iglesia, los consejos comunales y otros, han recibido del Presidente exhortos para que actúen conforme a la ley y desde un sentido de identidad y de pertenencia por el país de todos.

Se trata del proyecto BusCaracas construyéndose actualmente la primera ruta que va desde la avenida de las Fuerzas Armadas Norte hasta el Terminal La Bandera, donde a mi entender no participó la comunidad ni fue consultada previamente y por otro lado un grupo de funcionarios públicos de confianza consideraron esta como una “solución vial”. Pero que para este momento parece que privaron más los intereses de grupos que la claridad de sus intenciones. Un caso de arbitrariedad ejercida por Instituciones Públicas y a las empresas privadas que les fueron aprobadas sus licitaciones y contratadas para este fin.

Desde una visión objetiva-subjetiva voy a relatar lo que podía ser una reconstrucción de hechos. Pero antes de esto, presento algunas interrogantes surgidas de diversos actores sociopolíticos. ¿Falto la planificación? (http://www.aporrea.org/ideologia/a90652.html) ¿No se calcularon bien los recursos financieros para la obra o se robaron los reales? (http://www.aporrea.org/actualidad/n122598.html) ¿Fueron licitaciones al dedo y a gente competente? ´¿Quién da la buena pro a los contratistas? (Vialpa y Pilperca) (http://es.wikipedia.org/wiki/BusCaracas) ¿Dónde está la Contraloría General de la Republica en su función de control previo? ¿Dónde está la asunción de las responsabilidades de las Instituciones públicas y privadas, en la que intervienen ciudadanos con deberes y responsabilidades? ¿Qué grado de conocimiento demuestra los ingenieros y los funcionarios públicos que dan inicio a la obra en época de lluvia pero que en época de sequía la paralizan? ¿Dónde está la planificación de los ingenieros que no cumplieron con los plazos establecidos? ¿Por qué se acabo los reales y se ha tenido que reformular dos veces e inyectar más dinero a la obra de nunca acabar? (http://www.aporrea.org/actualidad/n145391.html) ¿Por qué se han cambiado los responsables, al principio la Alcaldía de Caracas en tiempo de Freddy Bernal y luego el Ministerio para las Obras Públicas y Vivienda (MOPVI) con Diosdado Cabello y luego se traspasa a Fontur? (http://www.aporrea.org/actualidad/n150726.html), ¿podría tratarse de una la estafa lo de BusCaracas? (http://www.notiplaneta.com/noticias/la-estafa-del-buscaracas).

Muchas manos ponen el sancocho morao, reza el refrán popular y es imposible hacer contraloría a tanta gente pues a última hora, todos se van a echar la culpa y ninguno va a asumir su propia responsabilidad ¿Quién está invisible en todo esto? Como pueden observar muchas preguntas dimanan de la fuente de mis dudas e incertidumbres, producto del diario vivir en la comunidad y escuchando a la gente que observa y habla. La realidad nos hace suspicaces.

Como ciudadana de mi comunidad que me mantengo informada de lo que pasa en ella, (http://www.aporrea.org/ddhh/a99291.html) reconozco que al principio de la puesta en marcha de la construcción hubo un movimiento de Josefinos (habitantes de San José), de un grupo de obreros e ingenieros con sus maquinas, de los buhoneros del lugar y de choferes de los “carritos de San José”. (http://www.aporrea.org/actualidad/n111732.html). Con esta movilización me doy por enterada de un tal proyecto BusCaracas. (Septiembre 2007). Inmediatamente busque en los medios virtuales y encontré una información sobre las bondades de este sistema vial para solucionar el caos de las colas y del tránsito del norte al sur.

Esta información me llevo a entender lo avanzado que estaba el proyecto, se daba inicio a las primeras acciones, (http://www.aporrea.org/actualidad/n117022.html) donde los contratistas cerraron dos vías de cuatro de la avenida y comenzaron a romper el asfalto y el cemento. Y posteriormente las aceras. Me informe que en mi comunidad dos grupos de interés tenían de hecho, conocimiento del Proyecto BusCaracas, desde meses anteriores, pero grupos que no son la representación significativa de la comunidad, como son el Comité Cultural Conservacionista y de Defensa de la Parroquia de San José y los choferes de la línea de privado de San José-El Valle.

Estos dos grupos se opusieron a esta solución vial pues perjudicaban sus intereses legítimos o no, pero de grupos: por parte del Comité Cultural abogaba por la no destrucción del “Mercado de las Flores” como Patrimonio cultural y los choferes de carritos de San Luis-El Valle se defendían como trabajadores y que esta obra le iba a quitar su derecho al trabajo. (http://www.aporrea.org/actualidad/n111732.html). A los primeros ya les dijeron que no van a tocar el “mercado de las Flores” que de mercado de las flores provenientes de Galipán como lo recuerda la tradición deja mucho que desear. Vale preguntarse: ¿Qué hace allí una concesionaria de carros Toyota? Y a los Choferes les prometieron pagarle una indemnización a 450 transportistas que no podrán circular más, tras la construcción del BusCaracas (http://www.aporrea.org/actualidad/n122249.html). Lo que he observado últimamente es que ahora ha aumentado las unidades y por supuesto, los choferes de estos servicios de transporte ¿Será que se han agregado más para recibir la tal indemnización? Estos grupos acordaron conforme a la nota informativa (http://www.aporrea.org/actualidad/n122249.html) que quienes salgan le tienen que dar tres millones anuales por 25 años. La justificación es porque era el monto que se le diera a todo aquel que saliera del Servicio de Transporte privado. ¿Será verdad que todo chofer recibía esta indemnización o era sencillamente un pago por el derecho a pertenecer a la línea de transporte? ¿Eso lo debe pagar el Estado?

Una solución no puede convertirse en un problema

Al principio debido a la resistencia de estos grupos, se tomó medidas de la presencia de fiscales de transito para no afectar el “libre tránsito de los que no estábamos implicados en el asunto” y que aliviara el impacto que significa ocupar dos vías de cuatro canales. (http://www.aporrea.org/actualidad/n170638.html) Pero de un día para otro desaparecieron los fiscales de transito. Imagínense el zaperoco, las motos por las aceras, los buhoneros ocupando la vía de los peatones, los peatones caminando por donde vienen los carros y los autobuses y carros de pasajeros recogiendo gente por cualquier parte, menos las que le corresponden. Pero como se trata de ser optimista y trascender estos hechos. Esto hizo que en las colas la gente tuviera tiempo para mirar con detenimiento lo que se está haciendo y se quejaran a viva voz mientras se trasladaban al lugar de trabajo o de retorno s sus casas. A continuación pongo a la disposición de los lectores expresiones que escuche y paralelamente algunas las apoyare con notas informativas que oportunamente encontré en Aporrea y otros medios de la web. No toda la comunidad cuenta con estas fuentes informativas.

¡Otra vez la bendita cola! “Miren como están robando”, “parece que pronto van a dar inicio porque llegó los reales (http://www.aporrea.org/actualidad/n117022.html) ¡ya Chávez volvió a inyectarle dinero a esa cosa!, Chávez ayer regaño a Diosdado y el ministro le confirmó al presidente que en marzo de 2010 esta obra estaría concluida, (http://www.aporrea.org/actualidad/n116725.html) ¿Cuándo se acabara todo esto?, “todos los días un árbol menos” (como ustedes saben la Avenida Fuerzas Armadas norte, gozaba de bellos árboles, esta obra ha tumbado más de 10 árboles grandes y frondosos), “un día construyen una cosa y la semana siguiente la tumban para ponerle el tubo que falto”, Esto es un desastre (http://www.aporrea.org/ideologia/a88862.html) “miren como se está ya deteriorando el trabajo realizado” (ningún trabajo elaborado por las diversa contratistas son iguales por forma o calidad, cada uno lo hace a su manera, les animo a acercarse y ver como ya está dañado el concreto) Me pregunto al margen de todo esto ¿quien dirige y supervisa esta obra, hay algún funcionario del gobierno que le duela esto y que le interese terminar esta obra? ¿Qué personas están en estos cargos de confianza, son acaso personas idóneas, de competencia en su área de trabajo y de ética comprobada?

Debo reconocer como conciudadana de esta parroquia tradicional del centro de Caracas que la cita evangélica que dice “Los ciegos ven y los sordos oyen” se ha hecho realidad en mi parroquia, sólo que las instituciones aún nos creen ciegos y mudos. Las Instituciones públicas, no están preparadas para escuchar las observaciones del pueblo. Como vieron en la Parroquia de San José la gente ve y habla. Y como ciudadana y comunicadora, más que contralora, como derecho constitucional (CRBV-1999, LOAP-2008, PLCS-2010) quiero no solo ser portadora de todas estas críticas constructivas que hace nuestro pueblo en la calle sino que quiero respuestas en este sentido. Me pregunto ¿si alguien del Gobierno comunal (18 Consejos comunales de la zona), del Gobierno Municipal (Alcaldía de Caracas), del Gobierno Nacional (Ministerio para las Obras Públicas y Vivienda, Fondur, Ministerio de Transporte y Comunicaciones), de la empresas contratistas (Ingenieros y obreros) está registrando las observaciones de un pueblo que siempre ha visto pero que a ninguno le interesa su observación? ¿Si alguien está escuchando al pueblo que siempre ha hablado pero que a nadie le interesa escuchar?

Octubre 2007, 2008, 2009 y ahora a finales del 2010, mas de tres años esperando que las cosas sigan su curso normal, pero se ha convertido en la historia sin fin, de nunca acabar. Etapa que va del agotamiento de la paciencia a la vergüenza, la incredulidad y un «dejar hacer, dejar pasar» (http://www.aporrea.org/internacionales/a90035.html). Esta semana se nos acaba de informar que a partir del segundo semestre del 2011 será el plazo para dar fin a la obra (tercero anunciado) conforme a las últimas declaraciones del ministro de Transporte y Comunicaciones, Francisco Garcés. (http://www.aporrea.org/actualidad/n169314.html).

Como militante del Proceso Bolivariano de Venezuela, no me queda más que acudir a esta vía para expresar mi indignación como ser humana, ciudadana y profesional de la comunicación social y gracias a los aprendizajes adquiridos como profesora de la Universidad Bolivariana, comunicadora popular. Y agradezco a Aporrea por ser un espacio de debate de lo público y siempre abierta a la crítica constructiva de quienes escriben. Aunado a esto tenemos las firmes declaraciones de nuestro Presidente Hugo Chávez, que en las últimas semanas les recordó al Sistema Nacional de Medios Públicos que cumplan con su deber de informar y comunicar lo que le pasa a la gente en su realidad y frente a la acción estadal y/o gubernamental, evitando así maquillar las noticias. (http://www.aporrea.org/ideologia/n171227.html), pues no podemos permitir que la crítica destructiva de los medios opositores sirva para favorecer una imagen de que estos están a favor de los “excluidos por la revolución bolivariana”.

Además en el marco de la futura aprobación de la Ley Orgánica de Contraloría Social hago este ejercicio de contralora “individual” con las miradas y voces de la gente de la calle y del medio virtual, pues así somos los comunicadores comprometidos con la realidad, con nuestro pueblo y con el pueblo. Les aseguro que no habrá perdida ni desorientación cuando se escucha la gente y se toma en cuenta sus observaciones generalmente muy concretas pero también con un dejo de fatalidad y pérdida de fe. (http://www.aporrea.org/ideologia/a110265.html).

Por eso para finalizar, comparto con ustedes mis aprendizajes significativos en este ejercicio de contraloría social desde lo individual establecido en el artículo 2 del Proyecto de Ley Orgánica de Contraloría Social y en el artículo 135 de la Ley Orgánica de Administración Pública que en miras de promover la participación ciudadana en la gestión pública se pueden presentar propuestas y formular opiniones sobre la gestión de los órganos y entes de la Administración Pública.

Entre los aprendizajes obtenidos puedo expresar que en primer lugar, problematizar desde una realidad específica como es el “Caso BusCaracas en la Avenida Fuerzas Armadas”, se requiere información exhaustiva y seguimiento permanente del caso, donde la escucha de las observaciones del pueblo son herramientas de incalculable valor humano y legitimadas por la realidad. Reconozco que este ejercicio quedo fuera lo referido a BusCaracas en la Avenida Granada hasta el terminal La Bandera.

En segundo lugar, para opinar (Doxa) con conocimiento (Logos) sobre algo que afecta a un colectivo es importante el uso de un método para aproximarnos al problema desde su complejidad e incertidumbre (Edgar Morín).

En tercer lugar, entrar en una acción dialógica con el Estado es verse enfrentada a muchos puntos ciegos, a dudas, a suspicacias pero todas ellas han servido para seguir hurgando en esa realidad. Si queremos verdaderamente que las instituciones públicas respondan efectiva y eficientemente al pueblo, esto será posible en la medida que se escuche los reclamos de un pueblo que observa y es afectado por las decisiones de unos pocos o grupos de intereses. Por eso espero una respuesta y que no me pase lo de Juan el Bautista que clamó en el desierto de sordos y ciegos de su época, y más bien recibió su rechazo y oposición. Pues lo trataron como un enemigo.

Y en cuarto y último lugar visualizar desde una reflexión-acción ¿Qué saldo de capacidad de movilización, de participación y organizativo tenemos como comunidad o como individuos para hacer frente a la Contraloría Social, como derecho constitucional? No basta tener un pueblo que observa y critica si hay funcionarios públicos que son sordos y ciegos a la voz y realidad del pueblo.

(*)Profesora de la UBV

La contraloría social es a tiempo y a destiempo

Nos acordamos de Santa Bárbara cuando llueve es un refrán popular que nos hace entender que miramos los problemas solo en momentos críticos y difíciles. 3 meses de lluvia, y sabemos el impacto y alcance que tiene la fuerza de la lluvia en la tierra y en las construcciones humanas. Los resultados son evidentes miles de damnificados, sin casa y sin sus pertenencias, carreteras dañadas, represas destruidas, heridos o muertos victimas ya sea por la falta de precaución o de alerta que falto cuando la tierra cedió y sus casas se vinieron abajo.

Sin deseos de enajenarme de la realidad, me viene a la memoria aquel cuento de los tres cochinitos, que dice así:

En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos. Para escapar del lobo, los cerditos decidieron hacerse una casa. El pequeño la hizo de paja, para acabar antes y poder irse a jugar.

El mediano construyó una casita de madera. Al ver que su hermano pequeño había terminado ya, se dio prisa para irse a jugar con él.

El mayor trabajaba en su casa de ladrillo.

- Ya veréis lo que hace el lobo con vuestras casas- riñó a sus hermanos mientras éstos se lo pasaban en grande.

El lobo salió detrás del cerdito pequeño y él corrió hasta su casita de paja, pero el lobo sopló y sopló y la casita de paja derrumbó.

El lobo persiguió también al cerdito por el bosque, que corrió a refugiarse en casa de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y la casita de madera derribó. Los dos cerditos salieron pitando de allí.

Casi sin aliento, con el lobo pegado a sus talones, llegaron a la casa del hermano mayor.

Los tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puertas y ventanas. El lobo se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua. El lobo comilón descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó.

Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás quiso comer cerdito. FIN

Yo creo que si no acabamos aprendiendo de la realidad y de los golpes que cada tanto tiempo nos da la naturaleza, debíamos hacerlo a partir de este cuento tan ilustrativo y cercano al problema habitacional que afecta a nuestra familia venezolana, después de estos graves acontecimientos climatológicos.

Observamos tres maneras de conductas frente a una misma realidad, el lobo: Uno hizo una casa de paja, el otro de madera y el último de ladrillo. Uno lo movió, la diversión para salir pronto de hacer su casita de paja, el segundo, no queriendo quedar atrás e incorporarse con el otro para jugar, termino a como diera lugar su casa de madera y el último, construyo con ladrillo, pero también le dio tiempo para alertar a sus hermanos lo que podría pasar con ese tipo de edificación ante la amenaza del lobo que quería comérselos.

El lobo aquí personifica la amenaza de las lluvias, de una tempestad, de un terremoto. Lo importante reconocer que las amenazas están siempre latentes, aunque no sean evidentes.

Tanto el Estado, como los que construyen y los usuarios de las viviendas pueden asumir estas actitudes y comportamientos sociales (la superficialidad, el facilismo, el cortoplacismo, la falta de planificación, el vivir el presente sin importarnos el futuro, etc.) que obstaculizan no solo la producción de una verdadera cultura preventiva y de corresponsabilidad, sino que se deriva en una “bomba de tiempo” que explota en circunstancia como la que vivimos actualmente.

El Estado desde una política habitacional debe establecer y exigir respeto a normas, procedimientos, permisos de construcción, tanto los constructores como los usuarios de las viviendas debe ser corresponsable con este hecho. Y mucho más los últimos, pues a la larga somos los que vamos habitar la vivienda y seremos los primeros afectados en caso de las amenazas antes mencionadas, por muy buena voluntad política de los dirigentes para “dignificarnos” ante la situación trágica de perder la vivienda.

El ser humano no es un animal. El animal se adapta y el ser humano se adecúa a las circunstancias. Si bien es cierto que necesitamos viviendas, como un derecho, es un deber que estas se construyan como debe ser, conforme a criterios establecidos y que sean respetados por todos los involucrados.

Tomar el camino de adaptarnos es seguir haciendo más de lo mismo, es no asumir el problema climatológico de nuestra región, que se ha arreciado en los últimos tiempos. Es llevarnos por la filosofía de Eudomar Santos de la novela “Por estas calles”: “Como vaya viniendo vamos viendo” Improvisación que no es más que mantener el caos y la inercia. Debemos preguntarnos ¿Cuál es el costo social y económico de nuestros errores como ciudadanos, como comunidades y como país? Es imposible contabilizar, sobre todo cuando hay un saldo de muertos y heridos.

Un pueblo junto a sus instituciones no puede estar ingeniándosela para sobrevivir. Se trata de vivir dignamente, sin sobresaltos y angustias que aminoran su calidad de vida como ciudadanos. Se trata de hacer las cosas a partir de lo que sabemos y conocemos por la experiencia alcanzada. Y llegar a acuerdo sociales para adecuarnos a la realidad (por ejemplo el factor climatológico) y construir las viviendas en base a esto.

Estamos hablando de un pueblo contralor de sí mismo y de la realidad y para ello tenemos que hablar a tiempo y a destiempo, como decía Pablo de Tarso. Ya sea para denunciar o para proponer, pero sobre todo para hacernos responsables de nuestro propio destino. Si no viviremos en el tormento de Sísifo, que según la mitología griega los dioses le condenaron a empujar perpetuamente una roca hacia la cima de la montaña para que cayese de nuevo cuesta abajo cuando estaba a punto de llevarla hacia el otro lado. Debemos aprender de nuestras propias tragedias y superarlas colectivamente y solo lo haremos cuando asumamos responsablemente ser contralores de nosotros mismos y nuestro entorno.

(*)Profesora de la UBV